Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas de 2005
Este lugar es hermoso, aca se disfruta mucho la tranquilidad, si pueden visitenlo. Si es cierto que uno se puede encontrar con si mismo, creo que aca se puede. Los dejo, cuidense, aunque el silencio no es salud, algunas veces nos hace bien

Cambio luego existo

Sin decisiones, juraba mi abuela, no hay destino. Y para abonar su hipótesis me llenaba la cabeza con una larga lista de hombres y mujeres providenciales que labraron su destino, a veces el del mundo entero, tomando decisiones a cada paso. Creo que dentro de su galería de notables incluyó a Jesús, a Einstein, a Colón, Juana de Arco, Sarmiento, Lenin, Gandhi y unos cuantos más. Sus héroes eran tantos y tan variados que hoy me resulta difícil recordar a todos. Además yo era muy chico; mi pie se perdía en esas huellas gigantes. Y las únicas decisiones que tomaba tenían que ver con necesidades más bien elementales. Debo aclarar de entrada que mi desidia no tiene nombre. Tomo vino si me ofrecen vino, veo caer la lluvia cuando llueve, hago el amor si los dioses son propicios. Agradezco al mundo lo que me da. Y a veces ni eso. Podría pensarse por lo tanto que soy un blanco fácil, un conformista, un sujeto sin ambiciones. Pero no es así. Esto es sólo una etapa, una fase, el lado oscuro de una ...

Las campanas

John Donne (Gran Bretaña, 1572-1631) Devociones para ocasiones emergentes (fragmento) " ¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece? ¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla? ¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe? ¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo? Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti. "

Hacer fiaca

No hacer nada. Eso me gusta: son los momentos en que más jugo le saco a la vida. No porque los utilice para pensar demasiado, ni siquiera para dormir las horas atrasadas que –alguna vez– prometí recuperar. Tampoco porque me colme con demasiadas actividades, cuanto mucho una apacible bicicleteada si no siento mucho calor ni tanto frío. Me gusta, llanamente, por la capacidad que tiene el tiempo libre de conectarme con esas –pocas– cosas importantes. O, mejor dicho, de enrostrarme los elementos indecorosos de las otras horas, las demasiado abusadas.Es así: se asegura –¿quién? ¿el mandato de época?– que mientras más cosas uno realice, más feliz y orgulloso se va a sentir. Algunos, entonces, nos convertimos en robocops con agendas interminables, corremos a reuniones que sólo sirven para exhibir lo importante que es reunirse y nos quedamos sin aire respondiendo mensajes poco estimulantes. En breve: ocupados pero improductivos, repletos de trabajo pero incapaces de ponerle nuestra firma perso...